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Tacna 2025: Una mirada al VII Congreso Peruano de Historia Económica

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Por Rodrigo Uyema Diaz

Estudiante de Historia de la PUCP y Asociado de la APHE

El VII Congreso de Historia Económica del Perú se celebró del 6 al 8 de agosto de 2025 en la Ciudad Heroica de Tacna, en el campus de la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann. Rodeados de un clima árido y frío, característico de la temporada, más de 80 expositores abordaron una gran diversidad de tópicos, desde la colonia hasta la contemporaneidad, desde el norte del país hasta el Tarapacá chileno, y desde las finanzas nacionales hasta las historias económicas regionales. Entre los ponentes se encontraban algunos de los principales historiadores económicos, empresariales, del trabajo y de una larga lista de disciplinas hermanas a la historia económica, tanto peruanos como, en menor medida, extranjeros. Todo esto organizado por la Asociación Peruana de Historia Económica (APHE) y la Escuela Profesional de Historia de la UNJBG.

Este fue el cuarto congreso de historia económica al cual asistí, el segundo de manera presencial, y el primero en el participé como ponente. Llevaba dos años preparando un artículo sobre la producción aurífera peruana durante los años 1930, y mi investigación había pasado por el Coloquio de Estudiantes de la PUCP y la Semana de la Historia en la UNMSM. Sin embargo, su recibimiento en ambos eventos fue relativamente frío, excusable tal vez por mi elección temática, y en Tacna tenía expectativas de poder discutir mi tema con investigadores interesados. En esto tuve mucha suerte porque, varios meses antes del evento, un amigo me comentó que Alejandro Santistevan (Colegio de México) y Nashely Lizarme (Universidad del Pacífico e Instituto Riva-Agüero) estaban organizando una mesa dedicada a la historiografía minera del Perú entre los siglos XIX y XXI. Contacté por correo con Alejandro y este me incluyó en su mesa. Él y Nashely fueron muy amables durante y después del congreso.

Mi mesa me encantó en temática y ponencias. Las presentaciones de Nashely y Alejandro, sobre la banca de fomento minero y el cambio institucional en la minería del cobre durante los años 1960 a 1990, fueron profundamente estimulantes. El Perú es coloquialmente considerado un país minero, al menos- eso se suele decir hoy en día-, y siempre he disfrutado conocer el desarrollo de este sector durante el siglo XX. Para mi ponencia sobre minería aurífera había revisado boletines del Cuerpo de Ingenieros de Minas de los años 1930, y debo decir que el trabajo de Nashely expuso una dimensión de este grupo social que desconocía, sobre todo en el plano discursivo y político, con sus argumentos a favor de la promoción estatal del rubro de la minería.

Acerca de mi ponencia, pese a los nervios y algo de confusión con los tiempos (un expositor se ausentó y no sabía muy bien cuánto tenía que cubrir), puedo decir que todo salió bien. Más aún, la discusión fue fructífera, y las preguntas me ayudaron a reconsiderar varios aspectos de mi investigación. Recuerdo el comentario de Nuria Sala sobre la Inca Mining Co. en la Amazonía, que me hizo reflexionar sobre si era pertinente indagar más en los años 1940 con los lavaderos de oro, o la propuesta de Beatriz Rodríguez Satizábal sobre entender a las compañías mineras auríferas desde una perspectiva de la historia empresarial. Por otro lado, a nivel de fuentes, la recomendación de Ramon Ramon Muñoz sobre usar los datos de los informes de la Liga de las Naciones ayudó a colocar mi investigación en un contexto más global. Pero lo más importante fue poder ver que mi trabajo podía despertar el interés en varios investigadores con mucha más experiencia que yo, lo que al menos me indica que voy por buen camino.

El evento también fue una muy buena oportunidad, ya fuera de mi área temática, para enterarme sobre novedades y avances en el campo de la historia económica en el país. Con temas que despertaron mi interés, como los validos de los virreyes del siglo XVII vistos como hombres de negocios, por Margarita Suárez, hasta las propuestas en términos de historia internacional, como el proyecto de Carlos Contreras de hacer una historia comparativa de la fiscalidad en los países andinos, mi interés por el evento no menguó.

Una mención especial, al ser un tema de gran interés para mí, fue la mesa que trató de metodología, problemáticas y fuentes de la historia empresarial, organizada por José Manuel Carrasco Weston y Beatriz Rodríguez Satizábal. Aquí se dio un verdadero seminario de introducción para quien quiera trabajar la historia empresarial en un país donde las empresas no suelen cooperar en investigaciones académicas. Desde cómo se pueden usar fuentes poco comunes para analizar la historia empresarial (Grecia Mendoza y Beatriz Rodríguez Satizábal con el Almanaque de El Comercio) hasta cómo se pueden investigar casos muy peculiares dentro de los modelos de empresas familiares e inmigrantes en el país (Ricardo Torres con su investigación sobre la familia D’Onofrio), una mesa muy completa y estimulante.

En una ocasión un amigo me comentó, tal vez sarcásticamente, que se puede aprender más en uno de estos congresos que en 5 años de carrera. No concuerdo del todo, pero es verdad que la importancia de estos eventos es inmensa. Las discusiones en un espacio de investigadores afines, con varios de los últimos trabajos en la disciplina, y donde se descubren nuevos métodos, fuentes e incluso áreas temáticas que no habíamos abordado en nuestras investigaciones, son el combustible que mueve la disciplina. Son el espacio donde un investigador novato puede iniciarse y, con suerte, darse a conocer. Y hay que reconocer aquí la labor de la APHE, que hace posible este diálogo organizando congresos, seminarios y talleres, a la vez que contribuye con recursos académicos para el avance de la historia económica en el país. El esfuerzo para promover la historia económica en el Perú durante las últimas dos décadas ha descansado sobre sus hombros, y los buenos resultados recientes son el fruto de su labor.

Finalmente, me gustaría cerrar agradeciendo especialmente a la UNJBG y a su Escuela de Historia. Sus agasajos y gestos, desde los recuerdos para los participantes hasta los números musicales, así como el buen trato a los asistentes al evento, demuestran la gran dedicación de la universidad hacia sus invitados, y en lo personal terminé bastante conmovido. Esperemos que en el futuro las buenas relaciones con esta institución se mantengan.

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